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Mequinenza: formación para quedarse

En Mequinenza, un pueblo que aprendió a reinventarse, el futuro se escribe en las aulas. La alianza entre Redeia y el Ayuntamiento ha convertido la formación profesional en la llave que abre oportunidades, fija población y demuestra que incluso en los márgenes rurales se pueden encender luces de esperanza y desarrollo.

A orillas del río Ebro, donde confluyen también el Segre y el Cinca, se levanta Mequinenza, un pequeño municipio aragonés cuya identidad ha estado siempre ligada al agua, a la minería y a la memoria. Este enclave del Bajo Cinca, en la provincia de Zaragoza, conserva una historia marcada por la dureza del carbón y la grandeza de su geografía fluvial: el embalse que lleva su nombre (conocido como el Mar de Aragón) convirtió al pueblo en un referente para la pesca deportiva y los deportes acuáticos, al tiempo que sepultó bajo sus aguas al antiguo casco urbano, hoy convertido en un recuerdo vivo que sigue marcando a sus habitantes. Con algo más de 2.200 habitantes, Mequinenza se sostiene hoy en una economía diversificada donde la agricultura y la producción frutícola siguen siendo esenciales, la tradición minera permanece en la memoria, aunque ya sin actividad, y el turismo, alimentado por la pesca internacional, el deporte y la cultura, se ha convertido en una de sus principales señas de identidad.

En un municipio marcado por el tránsito de la minería al turismo y la agricultura moderna encontramos el Centro de Formación Profesional Santa Agatoclia que se ha convertido en uno de los motores de futuro de Mequinenza, pues este centro educativo representa la apuesta por dotar a las nuevas generaciones de herramientas que les permitan no solo encontrar empleo, sino también arraigarse y contribuir al desarrollo del territorio.

Antonio Sanjuán
Alcalde de Mequinenza
Antonio Sanjuán: «Vimos imprescindible ofrecer desde aquí población perfectamente formada».

La formación como herramienta

En territorios como Mequinenza, la formación se convierte en un puente hacia el futuro. No se trata solo de ofrecer a los jóvenes conocimientos técnicos, sino de brindarles las herramientas necesarias para construir proyectos de vida vinculados a su lugar de origen. La educación, en este contexto, es también una forma de arraigo pues permite que las nuevas generaciones no tengan que marcharse para encontrar oportunidades, sino que puedan generarlas en su propio territorio. Con esta visión nació el proyecto impulsado por Redeia y su filial Red Eléctrica, y el Ayuntamiento de Mequinenza, destinado a reforzar la oferta educativa local y responder a las demandas reales del mercado laboral. «El objetivo ha sido encontrar un currículum que estuviera adaptado a las necesidades empresariales de la zona» afirma Rosa Sillue, directora del centro de FP Santa Agatoclia. La iniciativa incluye la creación de un grado medio de electromecánica y la construcción de un nuevo edificio de Formación Profesional de 320 metros cuadrados, destinado al desarrollo de un ciclo formativo de grado medio en electricidad y electrónica, una disciplina con gran proyección en el presente y futuro del empleo. «Esta formación ha sido muy demandada por las empresas que están instaladas en Mequinenza, ya que no encontraban personal cualificado en mantenimiento electromecánico, corriendo el riesgo de trasladarse a otros territorios», explica Antonio Sanjuán, alcalde del municipio. «Por eso vimos imprescindible ofrecer desde aquí población perfectamente formada».

Rosa Sillue
Directora del Centro de FP Santa Agatoclia
Rosa Sillue: «El objetivo ha sido encontrar un currículum que estuviera adaptado a las necesidades empresariales de la zona»

La colaboración como puente

La colaboración entre Redeia y el Ayuntamiento de Mequinenza surge a partir de la presencia de Red Eléctrica en el municipio con la subestación de Almendrales, una infraestructura clave para el sistema eléctrico. A partir de este vínculo, ambas instituciones comenzaron a explorar fórmulas para que la actividad de la empresa en Mequinenza no solo aportara un valor esencial a través del plano energético, sino que también generara un retorno social y económico para el municipio. Este es el tipo de iniciativas que forman parte de la Estrategia del Impacto Integral de Redeia que multiplica así su contribución social y medioambiental en toda la geografía y áreas de negocio de la compañía.

De ese diálogo nació una alianza que va más allá de la simple coexistencia. También se traduce en proyectos educativos, de innovación y de desarrollo local que refuerzan la cohesión social y dotan a los vecinos de nuevas oportunidades. «Creo que este tipo de formación nos prepara para entrar en el mercado laboral, y más en esta zona porque es casi todo industria y nuestras posibilidades de encontrar trabajo o incluso de promocionar en la empresa en la que estamos es bastante importante» comenta Sandra Moncada, alumna del centro de FP Santa Agatoclia. Este tipo de iniciativas de apoyo a la formación es la manera en que Redeia se integra en la vida comunitaria, escuchando las necesidades de cada territorio y trabajando de la mano de la administración local para darles respuesta.

Sandra Moncada
Alumna
Sandra Moncada: «Dentro de cinco años me gustaría ser mecánica industrial, y esta formación es un gran paso para lograrlo»

Impacto local

«El impacto de esta formación de grado medio no estará solo en el futuro, sino que ya se percibe en el presente. Poder acceder a estos estudios sin tener que desplazarse es muy importante», confirma el alcalde, Antonio Sanjuán. El resultado trasciende lo académico, pues el nuevo centro no solo refuerza la apuesta por una educación moderna y accesible, sino que se convierte en un motor de desarrollo local: genera empleo, atrae y retiene talento joven y contribuye a frenar la despoblación en un territorio que, como tantos otros en la España rural, necesita proyectos que ilusionen y construyan comunidad. «Dentro de cinco años me gustaría ser mecánica industrial, y esta formación es un gran paso para lograrlo» afirma con ilusión Sandra.

En definitiva, Mequinenza demuestra que cuando las instituciones y las empresas trabajan juntas con un objetivo compartido, los beneficios se multiplican. La conexión entre formación, empleo y sostenibilidad no es solo un ideal, sino una realidad palpable que permite al municipio mirar hacia adelante con la certeza de que su futuro se está forjando en las aulas de hoy. «Si no hubiera sido por esta colaboración, entre Redeia y el Ayuntamiento de Mequinenza, difícilmente podríamos haber puesto en marcha una iniciativa así», concluye el alcalde.

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